El coche autónomo es un robot. En el futuro, tendremos (tendréis, tendrán) robots en propiedad y robots en uso compartido. El robot que nos opere de apendicitis será un robot compartido. El robot que nos prepare la cena no sé cómo será. Probablemente, también compartido. No hace falta preparar la cena de 7 a 9 de la tarde en todos los pisos del mismo edificio. ¿Querremos tener un robot en propiedad para que nos cocine? Supongo que no, pero no me atrevo a adivinar el ansia de propiedad de los demás.

El coche, durante los últimos 100 años al menos, ha sido mayoritariamente un objeto de deseo, de propiedad privada. Mi coche, en mi plaza de garaje o en la calle, preparado para mi uso particular siempre que yo lo desee, aunque esté parado 23 horas al día o 23 días al mes.

Cómo funcionará el coche autónomo compartido

El coche autónomo que imagino, un robotaxi para todo, llegará antes o después y vendrá a buscarme a casa cuando lo llame, con un coste y un tiempo de espera conocidos de antemano. El precio de uso será presumiblemente bajo, porque el coste de la electricidad será bajo, no habrá gasto en mano de obra por ausencia de conductor, los costes de fabricación se reducirán notablemente (por muchos motivos) y no habrá gastos de marketing y distribución o serán ínfimos.

Con el coche plenamente autónomo, los viajes largos serán moderadamente rápidos y sencillos porque, al igual que en siglos pasados los jinetes se detenían en las casas de postas para cambiar de caballo, nosotros nos detendremos en puntos prefijados para cambiar de coche cuando la batería esté agotada y nos subiremos en un coche con la batería repleta para realizar una nueva etapa.

Grabado de la Real Casa de Correos de Madrid con diligencias y caballos en la Puerta del Sol
La Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol de Madrid. Litografía de F. Pérez para Madrid artístico, siglo XIX.

Habrá coches autónomos con camas, para poder dormir y viajar de noche y darnos una ducha y lavarnos los dientes en la casa de postas a la mañana siguiente, o en el lugar de destino.

Para las personas con movilidad reducida, la ventaja será todavía mayor. Bastará con que el coche sea accesible para llegar al destino.

¿Habrá quien quiera tener un coche en propiedad en un escenario como el que describo? Es posible, pero intuyo que el porcentaje será irrisorio.

¿Quién será el dueño de los coches autónomos?

La cuestión clave es saber en manos de quiénes estará la propiedad de esos vehículos.

Mi cerebro me incita a pensar que el número de coches del parque automovilístico de cada territorio vendrá determinado por los cuellos de botella, tal como ocurre ahora. Pero esos cuellos de botella se matizarán con los precios. Utilizar el coche en fin de semana o a las 8 de la mañana podrá suponer un múltiplo X del precio que costará utilizar el coche un jueves a las once de la mañana.

Por este motivo, no se conseguirá reducir a una décima parte el número de elementos de transporte individual (anteriormente conocidos como coches), aunque teóricamente fuera posible que cada uno de ellos fuera utilizado diez veces más que en la actualidad. Como ya planteé en un artículo publicado en km77, modificar la rigidez de los calendarios es otra tarea ineludible de los seres humanos.

Por lo tanto, intuyo que seguirán existiendo muchas unidades de vehículos destinados al transporte individual y familiar, pero la cuestión clave a mi juicio es saber en manos de quiénes estará la propiedad de esos vehículos. Existen tres posibilidades, entiendo yo:

  1. En manos de las grandes tecnológicas. Ellas desarrollan en buena medida los sistemas de los coches autónomos, tienen capacidad para llegar a un alto porcentaje de usuarios y para desarrollar aplicaciones para gestionar grandes flotas de robotaxis.
  2. En manos de los fabricantes tradicionales, cuya actividad podría trasladarse de la venta a la prestación de servicios de movilidad.
  3. En manos de particulares, que utilicen el coche en exclusiva o compartido.
Prototipo de coche autónomo de Uber con sensores en el techo
Prototipo de conducción autónoma que Uber probó en Estados Unidos. Foto: Uber

¿Desaparecerán las compañías de alquiler que conocemos ahora? ¿Se reconvertirán en una empresa tipo Uber? Intuyo que habrá tecnológicas que adquieran capacidad de producción, que es de lo que carecen. Pero no me parece que las empresas de alquiler puedan competir con las tecnológicas para ofrecer servicios de alquiler. ¿Quién limpiará y acondicionará los coches entre préstamo y préstamo? Entiendo que también serán robots.

Qué pasará con los coches actuales y su valor residual

Mi predicción sitúa el coste de uso de los futuros robots (coches) autónomos compartidos por debajo del coste de uso de los coches en propiedad. Es un cálculo difícil de anticipar porque depende mucho de cada unidad particular, de cuántos kilómetros haga al mes, de su consumo, del coste del seguro, del aparcamiento y de algún detalle más. Si bien es un cálculo imposible de realizar con precisión, parece indudable que el coste de uso de estos robots autónomos será inferior al de cualquier coche que utilice motor de combustión interna e inferior en algunos casos al de coches eléctricos.

Un problema añadido consiste en calcular el valor residual de los vehículos no autónomos. ¿Se podrán adaptar para que circulen de forma autónoma? ¿Se podrán exportar a lugares en los que a los gestores de robots autónomos no les interese establecerse?

Cómo será la transición al coche autónomo

Mi intuición dice que cuando haya coches autónomos fiables, la transición será muy corta. Una vez que podamos alquilar un robotaxi para viajar 600 kilómetros a un coste bajo mientras escribimos un artículo, leemos un libro o miramos una película, la venta a particulares de coches tradicionales, tanto nuevos como de segunda mano, caerá en picado.

La clave radica en saber cuándo llegarán esos coches 100% autónomos y si las autoridades de los diferentes países permitirán una transición brusca u obligarán a un periodo de ajuste.

Las incógnitas son muchas. Mis predicciones me parecen sensatas, pero es posible que olvide factores clave. Sea como sea, el futuro llega siempre, lo vean mis ojos o no lo vean. A la velocidad a la que corren últimamente los avances tecnológicos, conviene que nos ajustemos bien los cinturones, pongamos los asientos en la posición más baja1 y miremos a lo lejos.


1 Uno de los muchos aprendizajes en mi vida de probador de coches es que llevar el asiento en la posición más baja ayuda mucho a mantener la mirada en un punto lejano de la carretera. Los coches altos y los asientos en posición alta inducen a mirar cerca, de arriba abajo. Los coches bajos y los asientos en posición baja inducen a mirar lejos. Mirar lejos, en carretera, es una práctica saludable. ↩

Imagen principal: Bosch.