No es la primera vez que conduzco por Marruecos. He hecho varios viajes por carreteras, caminos y dunas de nuestro país vecino. Los he disfrutado mucho siempre, a pesar de las multas. Normalmente he viajado con vehículos altos, carrocería tipo todoterreno, todocamino o SUV. Pero también he viajado en coches con carrocerías bajas (Volkswagen Golf).

Conducir por Marruecos es igual que conducir por cualquier otro lugar del mundo. Entiendo que dé reparo, pero la mecánica es la misma. Mirar hacia adelante, estar atento, intentar anticipar lo que va a suceder delante, es decir, mirar lejos y actuar con suavidad y precisión sobre los mandos del coche. Así he conducido por España, por Europa, en Tailandia y en América del Norte y del Sur, y en África. En Bangkok se negaban a alquilarme un coche, porque les parecía que un europeo no iba a ser capaz. Sin embargo, conducir es conducir y en todos sitios que he probado es lo mismo. Los únicos lugares en los que me ha dado pereza han sido Camboya y Vietnam, por los atascos. En Camboya alquilé una moto y fui tan feliz (como siempre, con mucho cuidado). En Vietnam ni en moto. Los atascos de motos eran infinitos. Un día cualquiera muestro fotos.

Las fotos del viaje, de Ceuta al Atlas, están en este vídeo:

Cruzar la frontera de Ceuta en coche: un trámite tedioso

Si no hubiera que pasar por la frontera terrestre, estoy seguro de que viajaría mucho más a Marruecos. En este último viaje, con el coche cargado con el material de toda la expedición que íbamos a subir al Toubkal (esquís y botas de todos) y mi equipo completo, el paso por la frontera ha sido mortal. Antes de cruzar, puedes pasarte varias horas en la cola de coches que esperan. Según las fechas, esas horas pueden superar las 24 (según he leído en varias ocasiones). A finales de febrero y principios de marzo, que es cuando hay nieve en el Atlas y cuando hicimos nuestra ascensión invernal al Toubkal, en la frontera no había tanto jaleo. A la ida solo tuve que esperar 90 minutos antes de cruzar. Al regreso fueron 4 horas de espera, más la obligación de descargar todo el coche, abrir bolsa a bolsa y escuchar las bromas del guardia marroquí. Por fortuna, no perdí el barco.

Coches esperando en las cabinas de la aduana marroquí en la frontera de Ceuta
Control de aduanas a la entrada de Marruecos por Ceuta.

El paso de la frontera por Ceuta no tiene nada que ver con conducir en Marruecos, pero es un trámite inevitable si quieres llevar tu coche. La alternativa es alquilar un coche en Marruecos. Nunca lo he hecho, pero no descarto hacerlo la próxima vez. Otra opción es pasar a horas en las que no haya largas colas de espera. Me dijeron que por la noche normalmente está despejado el paso, pero no lo he comprobado.

Baches y señales: precauciones en las carreteras de Marruecos

Las peculiaridades de Marruecos radican en el estado de las carreteras, su anchura y en el comportamiento del resto de conductores y motoristas. Los imprevistos ocurren en todos lados y en algunos países con mayor frecuencia.

Durante el invierno en el que fui yo a Marruecos había llovido muchísimo. Marruecos estaba verde como nunca lo había visto y las carreteras por las que circulé por el norte del país tenían muchas trampas en forma de baches, a veces señalizados y muchas otras sin señalizar. Incluso señalizados son peligrosos, porque las señales están puestas casi de cualquier manera, a veces dentro de la calzada, y si el vehículo que va por delante te la tapa, te enteras de que hay una señal cuando ya casi te la has llevado por delante. En Marruecos, dejar un margen amplio con el vehículo que te precede es imprescindible.

Carreteras estrechas y sin arcén: camiones y motos

Otra de las precauciones obligatorias es calcular bien el espacio disponible para pasar cuando viene un camión de frente por una carretera estrecha. Ellos no van a poner en peligro sus neumáticos (no se van a acercar al borde irregular donde acaba el asfalto y empieza la tierra) ni van a aminorar su velocidad. En una carretera estrecha, esta sí es una situación de peligro real que es difícil encontrar en países europeos, porque esas carreteras sin arcenes apenas existen.

Un hombre camina por el borde de la calzada, junto al quitamiedos, en una carretera sin arcén del Tizi n'Tichka con las curvas del puerto al fondo
Sin arcén: un peatón camina junto al quitamiedos en el Tizi n’Tichka.

En esas mismas carreteras, la presencia de motos a muy baja velocidad, que pueden ir en paralelo o adelantarse unas a otras sin previo aviso, requiere la atención del conductor. Más aún cuando la única protección de la cabeza del motorista es la capucha de la chilaba.

Encontrarse con vehículos de frente en zonas sin visibilidad no es frecuente, pero tampoco extraño. Conducir es conducir. Igual en todos lados. Y esas situaciones de peligro pueden ocurrir en todos los países del mundo. La única diferencia entre unos y otros es la frecuencia con la que ocurren.

Pueblos y ciudades: nunca tienes la prioridad

Cada metro que recorres por un pueblo es producto de una negociación.

En Marruecos, las calles de los pueblos no son zonas reservadas a los automóviles ni a los automovilistas. Por las calles de los pueblos, por las carreteras que los cruzan, las personas, los animales, los carros, los policías, las motos, los coches y los camiones conviven en armonía. ¿Quién tiene preferencia? El acuerdo social. En España tenemos la concepción de que las carreteras y las calles son para los vehículos. Aquí tenemos claro que cuando vamos en coche «tenemos prioridad». Recuerdo haber leído en algunas rotondas francesas «Vous n’avez pas la priorité». Ese cartel hay que tenerlo siempre presente en la parte más inmediata de la memoria cuando circulas por Marruecos. Tú nunca tienes la «priorité». Nunca. Nadie sabe quién tiene la «priorité», me da la impresión. Te la ganas o te la ceden, pero conviene no contar con ella. Cada metro que recorres por un pueblo es producto de una negociación.

Calle de Taddert con coches, autocares y peatones caminando por la calzada
Coches, autocares y peatones comparten la calzada en Taddert, en la subida al Tizi n’Tichka.

Multas de tráfico en Marruecos, a discreción

En todos mis viajes a Marruecos me han puesto multas. Da igual que vaya rápido, que vaya despacio, que me desespere o que no. Multas y más multas. La diferencia, con el paso del tiempo, es que ahora no son solo para los extranjeros. Hace unos años mi sensación era que solo me ponían multas a mí. En este último viaje he tenido la sensación de que las multas eran para todos. Siempre multas por exceso de velocidad.

Algunas de las que me han puesto obedecían a una transgresión real. Otras eran producto de un sistema de medición absolutamente errático. Ni puedes controlar el error de los medidores que utilizan (unas pistolas que apuntan en paralelo a la calzada), ni el punto de medición, ni si esa medición te la han hecho a ti o a cualquier otro coche. Es un carajal. Por despacio que vayas, te van a caer multas, te pongas como te pongas. Al menos a mí. Eso me pasa por feo. No encuentro otra explicación.

En la actualidad, al menos, te dan un recibo de la multa.

Gasolineras y coche eléctrico en Marruecos

Las gasolineras escasean en algunas zonas y es posible que en la que encuentres no acepten pago con tarjeta. Llevar suficiente dinero en el bolsillo para pagar combustible es imprescindible en algunos lugares del sur y el este del país. Es conveniente viajar siempre con la aguja en la parte alta del indicador de combustible. No dejarla caer a menos de la mitad, por precaución. No hace falta en todas las zonas del país. Pero si viajas sin planificar, sin tener control de todos los detalles, como me ocurre a mí, que siempre viajo sin saber dónde dormiré, dónde repostaré ni dónde comeré, es conveniente no apurar el depósito de combustible. Nunca me he quedado sin combustible.

Carretera vacía que cruza una llanura pedregosa en el sureste de Marruecos
Carretera entre Errachidia y Ouarzazate: en el sureste las gasolineras escasean.

El combustible es menos caro que en España, pero no es barato. Y los puntos de carga para eléctricos son escasos fuera de las autopistas y las grandes ciudades. Viajar en coche eléctrico a Marruecos es posible, pero en este caso sí es imprescindible llevar en el maletero toda la planificación posible (y un poco más) y mucha paciencia en la maleta.

La subida al Toubkal la cuento día a día en ¡Toubkal o muerte! y el viaje completo, de Ceuta al Atlas, está en el vídeo.

Imagen principal: Mercedes-Benz Clase G al atardecer junto a Moulay Idriss.