Conocí a Iván Díaz justo antes de correr un rally de regularidad para coches eléctricos con un Ford Mustang Mach-E. Iván tiene una tetraplejia, con movilidad reducida en los brazos, y conduce desde hace más de treinta años. Un día le pedí que me enseñara su propio coche adaptado y que nos contara, para todos, cómo es su día a día con él: cómo entra, cómo mete la silla de ruedas, cómo funciona su adaptación y qué consejos daría a otras personas con movilidad reducida.
Este es el resultado. El vídeo completo va a continuación y debajo resumo lo más útil de lo que nos contó.
Su coche adaptado: amplio y con maletero grande
Iván conduce un Renault Mégane familiar. Es su cuarto coche y ha probado de todo: pequeños, grandes y todoterrenos. Su conclusión es clara: «vas con silla de ruedas, vas con 40.000 cosas», así que lo primero es un coche amplio, y si tiene un maletero grande, mucho mejor.
¿Coche alto o coche bajo?
Depende del tipo de lesión y del uso que se le vaya a dar. En un coche alto cuesta más entrar, pero no salir; en uno bajo, al revés, porque siempre hay que hacer fuerza hacia arriba. Pero Iván insiste en que, si vas solo, lo que hay que valorar es dónde te cuesta más meter y sacar la silla, más que entrar o salir tú.
Y un matiz importante: la altura del asiento no se compara con la del asiento de la silla, sino con la de la rueda. En la transferencia hay que librar la rueda para no golpearse, porque esos golpes producen heridas que pueden acabar en escaras.
Entrar al coche
- La silla, en oblicuo, nunca paralela al coche: en paralelo hay que pasar por encima de la rueda, con mucho más esfuerzo.
- Frenar siempre la silla. Mucha gente no lo hace, pero se puede mover en cualquier momento.
- Una pierna dentro y la otra en el suelo. Meter las dos no lo recomienda, porque un espasmo muscular puede estirarlas y provocar una caída; dejarlas fuera hace que cueste mucho girarse. Con una dentro y otra fuera, la base de apoyo es más amplia.
- Adelantar el cuerpo en la silla antes de pasar, para no golpearse con la rueda ni con el protector lateral.
- Para salir, en cambio, deja las dos piernas dentro y dobladas, para que no hagan resistencia, y se apoya en el marco de la puerta y en el asiento.

Al principio de su vida en silla, recuerda, le enseñaron a entrar por el lado del acompañante y pasarse al asiento del conductor. Hoy hay quien lo sigue haciendo así, pero cada persona acaba quedándose con la forma que mejor le va.
Meter la silla de ruedas
Hay quien deja la silla en el asiento del acompañante. Iván la mete detrás, por seguridad. Su silla es de chasis fijo, no plegable, porque así pesa menos: el chasis pesa unos 4 o 4,5 kilos. Con el cojín ya pesa bastante más.

- Primero quita las ruedas. Cada eje tiene un botón que libera unas bolitas de bloqueo. Como no tiene fuerza en los dedos, lo aprieta con la palma de la mano.
- Tumba el respaldo del asiento y pasa el chasis a la parte trasera.
- Coloca una de las ruedas entre el asiento y la silla, para fijarla: en una curva rápida la silla podría moverse.


Le pregunté cuántas veces hace esta operación al día: unas seis o siete veces, entre meter y sacar. Hace 31 años, para sacarse el carné, tenía que demostrar que era capaz de meter él solo una silla de hospital de 26 kilos, que no se desmontaba, en un Seat 127. «Con mucha imaginación», dice.
Un truco para cerrar el maletero
Desde la silla, el portón abierto queda fuera del alcance, y no todos los coches lo cierran con un botón. La solución que usan muchos: atar un trozo de cinturón de seguridad al portón para poder tirar de él. Así no dependes de que alguien te ayude cuando vas solo a hacer la compra.

La adaptación: dos palancas
El coche de Iván lleva una adaptación totalmente mecánica: dos palancas junto al volante, una a cada lado, unidas al pedal del acelerador por un cable y al del freno por una barra. Se tira para acelerar y se empuja para frenar, y las dos funcionan a la vez, así que se puede cambiar de mano cuando una se cansa. Para girar lleva un pomo en el volante; otros conductores usan una pinza que sujeta la mano.

Lo que más le gusta es que conduce con las dos manos en el volante: para frenar basta con estirar la mano sin soltarlo. Esto le resulta especialmente útil al aparcar, porque puede jugar con la marcha atrás y el freno con mucha rapidez. La contrapartida es que tirar de la palanca todo el rato exige esfuerzo a un tetrapléjico, y por eso usa mucho el control de velocidad. Ha tenido cuatro coches, y los cuatro con esta misma adaptación.
Otra ventaja de esta adaptación: como es mecánica, el coche lo puede conducir cualquiera, con los pedales de siempre. Yo mismo lo conduje así. Con un acelerador electrónico eso ya no es posible. Por cierto, Iván me recordó que el freno, por ley, siempre tiene que ser mecánico; el acelerador sí puede ser electrónico.
Ya lo había adelantado al hablar de la conducción del Ford Mustang Mach-E de Ford Adapta, que lleva un puño de moto: Iván prefiere su sistema de dos palancas, que le permite llevar siempre las dos manos en el volante.
Lo que cuesta
| Coste de la adaptación, según Iván | |
|---|---|
| Tipo de adaptación | Precio |
| Mecánica de dos palancas → Montada y con la ITV pasada |
1.500 – 1.800 € |
| Acelerador electrónico → Requiere electrónica y un botón para activarlo o desactivarlo |
3.000 – 5.000 € |
Además, al sacarse el carné es la propia Dirección General de Tráfico la que indica si se necesita pomo u otros elementos. Todo ello debe constar en la documentación del coche y pasar por la ITV. La DGT explica los requisitos y trámites en su página sobre accesibilidad en el permiso de conducir.
Su consejo
Le pedí a Iván un consejo para quien vaya a elegir coche. Lo resumió en una palabra: amplitud. «Una persona con discapacidad lo que tiene que hacer es buscar la amplitud dentro del coche, para todo». Y para todo lo demás, su idea es que cada uno escoja de los consejos de cada persona y de cada terapeuta lo que mejor le venga.
Gracias, Iván.