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👉 ¡Toubkal o muerte! Día 1. Subida al refugio




No soy montañero. Soy friolero. Me gusta la ducha caliente y secarme sin tiritar. No soy un buen crítico hotelero de refugios. Estoy —mal— acostumbrado a tener una habitación para mí solo cuando voy de viaje y un baño en el que lavarme los dientes sin tener que escuchar las gárgaras de un vecino de lavabo.

Y, sin embargo, tengo que estar contentísimo. Ya os los presentaré, pero de momento sirve que diga que Dani, la primera noticia que me da dentro del refugio es que nos han puesto en una habitación grande, todos separados unos de otros y mezclados entre desconocidos.

Me quedo frío con la información de Dani. En este refugio es fácil quedarse frío. En las ventanas, por dentro, se forma hielo. Y por la mañana, cuando te despiertas, el hielo sigue ahí. Duermes —o lo que sea— toda la noche a una temperatura de alrededor de cinco grados, calculo yo. Así que es normal que la información de Dani me deje frío.

Sala VIP en el refugio del Toubkal

Yo, que soy un optimista, cuando Dani me dice que vamos a dormir dispersos entre grupos de excursionistas de otros países, me imagino rápidamente durmiendo al lado de dos perros enormes de esos que llevan whisky en un barrilito. Perros que no roncan y que dan calor.

Pero rápidamente viene Paco a sacarme de mis ensoñaciones:

—Somos grupo VIP. Nos han dado una habitación con ocho camas para nosotros solos. Estamos todos juntos, en la única habitación de esta planta y sin nadie más.

Mi fantasía de dormir rodeado de dos grandes perros que me dan calor toda la noche se va al garete.

Nuestra habitación VIP en el refugio del Toubkal
Nuestra habitación VIP en el refugio del Toubkal, reconvertida en jaima bereber.

Es una maravilla tener una habitación para nosotros solos. Roncamos igual que todos, pero al menos son nuestros ronquidos. Y hasta que no nos acostamos, podemos reírnos del chiste de los perros que se han perdido sin que nadie nos mande callar.

Por tanto, tenemos mucha suerte. Las camas de nuestra habitación son buenas. Mí colchón —o lo que sea— me parece cómodo. He traído un saco que me ha prestado Agus. Decido no utilizar el saco y utilizo las mantas que provee el refugio. ¿Por qué? No lo sé. En primer lugar, porque no utilizar el saco de Agus me deja más tranquilo. Se lo devuelvo intacto. Segundo, porque traigo un saco sábana y me da la impresión de que las mantas del refugio calientan mucho, por lo que prefiero probar. Prefiero utilizar mis propios achiperres. A saber por qué.

El resultado es buenísimo. No paso frío en ningún momento con mi pijama de pantalón corto y camiseta, por mucho hielo que haya por dentro de la ventana.

Ventanas congeladas por dentro en el refugio del Toubkal
Ventanas congeladas por dentro en el refugio del Toubkal

Sentado o en cuclillas

La habitación es pequeña para siete, porque traemos mucho matalotaje todos. Piolets, crampones, ropa, sacos, ARVA —Appareil de Recherche de Victimes d’Avalanches—, más ropa, botas de esquí, zapatos, zapatillas…, pero nos empujamos con dulzura para apartarnos. Y nos decimos estupideces. Todo perfecto.

El contrapunto a nuestra lujosa habitación con mantas de primera son los baños. Apestan. Sólo hay una suerte inexplicable. Por mal que huelen, que huelen a lo peor, el olor no sube hacia arriba por la escalera hasta la planta principal del refugio, que es donde se pasa el tiempo.

Además del olor, están fríos de morir. Parece imposible que algo tan frío pueda oler tanto.

Toubkal. Refugio. La nieve exterior llega hasta las ventanas.
Toubkal. Refugio. La nieve exterior llega hasta las ventanas.

No tengo una foto de los baños. Es fácil de entender. Por muchos motivos. El principal es huir lo antes posible.

Hay dos tazas de váter y tres inodoros en cuclillas. No sabes qué es mejor utilizar. El contacto con la taza no apetece, por el frío y por la limpieza. Ponerse en cuclillas para ir de vientre no es fácil, al menos para mí, con los pantalones de por medio y sin una buena agarradera a la que sujetarte para no caerte hacia atrás.

No os voy a contar la decisión final, que pertenece a mi espacio íntimo. Mi disquisición sobre este punto es puramente intelectual. No tengo estos problemas mundanos.

Ducha en el Toubkal

Donde sí he tenido problema, ayer mismo por la tarde, ha sido en la ducha. Después de subir hasta el refugio, y de haber sudado como transpiro yo, me resulta imprescindible una ducha. Hay agua caliente, pero en las ventanas de los baños el hielo también está por dentro. Las paredes del cubículo de la ducha están mojadas y casi heladas. La limpieza no impera y el hilillo de agua caliente que sale por la alcachofa llega convertido en aguanieve a la altura de los pies. En los hombros quema y en los pies enfría. Todo muy agradable.

Toubkal. Refugio. Sala de estar
En la sala de estar, con el fuego encendido, se estaba razonablemente bien. Los nombres de los ganadores y perdedores de cada juego se van a la tumba con nosotros 🙂

Me ducho sin miramientos. Intento que la ropa no toque en ningún lugar para que no se humedezca, pero es imposible. Me mojo con el agua a dos temperaturas, me enjabono con fruición para recuperar calor y me enjuago. Dos veces, para que no se diga. ¿Acaso no soy un hombretón hecho y derecho?

Después de la ducha me siento mucho mejor. Pero el frío de los baños es inhumano. Y la sensación de que tocar algo te puede convertir en Gregorio Samsa, también.

Encender una hoguera

En los tres salones de arriba, encienden las estufas con leña a partir de las doce del mediodía. ¿Cómo se consigue que prenda una leña que está a cero grados —o menos—? Sin sutilezas. Un lanzallamas, antorcha o soplete conectado a la bombona de butano se encargan de darle calor al hogar. (Qué rápido se arruina un cuento memorable)

Toubkal. Refugio. Encender la chimenea sin esfuerzo.
Encender los troncos congelados requiere de mucha paciencia o de métodos expeditivos. En el refugio, aplicamos lo segundo.

Hasta un buen rato después de que encienden el fuego, por las mañanas, quienes tienen que quedarse en el refugio por el motivo que sea tienen que estar más abrigados que si salen a caminar o a foquear. Pasar el día entero en el refugio es desagradable, al menos hasta que no encienden las estufas. (Este párrafo lo escribo días más tarde, después de conocer la experiencia).

Siempre me interesa la logística. ¿Cómo suben la comida, la leña, las bombonas de butano? Me lo cuenta la persona responsable del refugio. En verano, cuando no hay nieve, las mulas cargan y suben todos los elementos no perecederos. Bombonas de butano, leña y comida que se puede conservar durante todo el invierno: legumbres, arroz, aceite y todos los productos envasados y en polvo. De esta manera, durante el invierno, los porteadores cargan únicamente con la comida fresca y nada más. Nada más, pero somos unas 60 personas en el refugio, por lo que, a poco que haya que subir, hay que subir mucho. Los días de mal tiempo, además, los porteadores no suben.


Escrito al final de nuestra estancia

En nuestros días, la calidad de la comida fue empeorando. Empezamos razonablemente bien y acabamos razonablemente mal. Nunca fue para tirar cohetes y nunca hubo carencia de alimento. Es difícil saber cuáles son sus limitaciones, porque alimentar a tanta gente con esas nevadas y con ese frío, tan alejados de un transporte rodado, debe de ser tarea ingente. Comimos caliente todos los días. Lo de caliente probablemente sea lo más necesario.

Refugio del Toubkal. Desayuno.
Refugio del Toubkal. Desayuno en uno de los dos comedores disponibles. Este desayuno, en concreto, es a las 7:30 de la mañana del lunes 2 de marzo, el día previsto para subir el Toubkal

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